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El pollito escurridizo descansa,
recuesta la cabeza
encima de esa caja,
minusválido,
las patitas atrofiadas,
la caja de cartón
sobre una mesa blanca.
Al costado
algunas bolsas plásticas.
Una alacena de color tierra,
mal pintada,
si la mira bien es rústica.
La humedad
mastica el fino revoque de la pared
que se derrumba
deshaciéndose en pequeños retazos de abecedario.
La enorme mancha esdrújula
aparenta gesticular con la boca
el canto ardiente de la fragilidad,
entre sollozos articula endecasílabos,
casi con desgana,
el cuerpo chancroso,
la lengua lastimada,
reproduce el circunloquio de ánimas legendarias.
Es tristísimo,
el pollito se hamaca
meciéndose de un lado hacia el otro
sobre una tela mustia,
que antes fue pollera de dama,
rehén de unos ojos sedientos de humedad,
ahora sacude con insistencia las alas,
como en pertinaz retirada.

Es incongruente pensar,someter al escrutinio de la razón, en alguna salida posible,un punto de fuga al mejor estilo Kafkiano, no hay escapatoria no hay salida,es inexistente e impensable la puerta de escape para gregorio,engrilletado a su propio cuerpo,el ombligo propiamente dicho sólo es antagónico al ombligo del mundo.
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