sábado, 24 de octubre de 2026

La paradoja del progreso: Destrucción creativa y materialismo dialéctico bajo la bóveda azul


Introducción

Yo, como todas las criaturas creadas bajo la bóveda azul —y ustedes también—, estamos sometidos inexorablemente a las leyes de la evolución. Desde luego, la evolución es tajante: la materia evoluciona y se desvanece fútilmente. Desde luego, las leyes de la evolución son arbitrarias y tajantes. Y semejan al derecho que, al regular los ciclos biológicos e intersubjetivos en el tiempo cronológico, nace, se transforma y se extingue. No hay nada nuevo bajo el sol. Ahora bien, Joseph Schumpeter, con el concepto de "destrucción creativa", sostenía que el capitalismo construye mientras destruye. Esto puede leerse como la paradoja —un sinsentido pretencioso— del progreso; es decir, ¡la idea de que la evolución avanza gracias a los retrocesos!

Capítulo 1: El caos disruptivo y la revolución dialéctica
Stephen Hawking arribó a la conclusión de que el universo se originó a partir de una explosión: el Big Bang. La infalibilidad de la ciencia podría ponerse en duda si intentamos reproducir esta explosión monumental en el laboratorio: el resultado sería contrafáctico; nadie quedaría en pie para verificar los resultados en el tubo de ensayo. Es decir, de una explosión no puede erguirse ninguna síntesis viable en absoluto, materialmente hablando; allí no puede crearse nada. Sin embargo, una explosión puede modificar o dar inicio a nuevos acontecimientos históricos, políticos y sociales... ¡de eso que no quepa ninguna duda!
En síntesis, el sistema avanza mutilando su propio pasado, como un cuerpo sin órganos y sin memoria; hete aquí que, desde ahora en adelante, será de una trascendencia superlativa mantener viva la memoria colectiva de la especie.

martes, 20 de octubre de 2026

De la ira divina al fetiche jurídico: entre el pacto de Noé y la razón de Spinoza


¿Adónde comienza y termina el mito?¿Es posible desentrañar las verdades ocultas detrás del relato mitológico?Si fue posible desantropologizar al hombre y su fundamento venal,¿porqué no puede ser posible desmitificar al derecho, quitarle su velo?

Existe un comienzo, como en todas las cosas: el génesis no está en el narcisismo romántico de la posmodernidad.Tampoco está en la literatura, sino en la imaginación herida por el miedo.Abomino de la evolución de la especie tal cual como la presentan los antropólogos racionalistas, porque además de ser política, subyace allí, en la fibra muscular, un nervio transversal que lleva siglos y siglos de cultura sin cicatrizar.

Cuando el rayo o relámpago que emerge veloz desde la entraña sanguinolenta de la tierra quiebra el cielo en dos, el estruendo luminoso fulmina las certezas para siempre.Y no, no es el inicio de la duda metódica, sino el nacimiento de nuevas preguntas; un ejercicio que pone a la retórica a parir nuevas incógnitas para decimonónicas respuestas.

Ese hombre unidimensional __homo faber,homo Erectus,homo sapiens _,o simplemente el hombre genuflexo y servil de nuestro tiempo, acaso proyecta sus pasiones más viles en el vasto universo.

Ese hombre de carne y hueso, efímero y mortal, que es el mismo hombre  pero más servil que nunca jamás en nuestra época,si cae un rayo sobre su crisma u ocurre de imprevisto un aguacero diluviano (como el de Noé),le da rienda suelta a su imaginación, a su demencia,y le atribuye a la naturaleza incontrastable voluntad, ira y deseo de venganza..

Entonces el mito ha nacido: cuando ese mismo hombre ha antropomorfizado la realidad; cuando el hombre,ese mismo hombre, ha creado un Dios para escupirle en la cara...

domingo, 4 de octubre de 2026

La anatomía del discurso

 

La anatomía del discurso 

No sé si a ustedes les habrá pasado lo mismo que a mí, pero la mayoría de las veces debemos armarnos de una rutina de saludos para interactuar con ciertas personas.Es casi como un decálogo socialmente prescrito: frases adecuadas,ni vulgares ni rimbombantes, para encarar satisfactoriamente la jornada.Presiento,por mera intuición, que en este tema tampoco hay lugar para las improvisaciones.

Las palabras tienen vida propia y debemos adiestrarlas con empeño.Viven en los discursos, y estos las honran con su sola presencia.Algunos discursos son pasionales y secretan fluidos (como el tono empalagoso de los textos amorosos); pero casi siempre, cuando son de odio, les exprimen sangre a las palabras, aunque su cobertura externa parezca de azúcar o miel.

Y uno puede oírlas hablar, mascullar sonidos dispersos y errantes que suenan como heridas abiertas: supurantes y en carne viva, alejadas del rigor convencional del buen trato.Se muestran sin ninguna máscara,incitándonos o tentåndonos, persuasivamente,a meter el dedo en la llaga.