Par de párpados entrecortando
el aliento ríspido de la mañana.
El aire,
el viento remolón
de cuanto trino despojado
hay en la bóveda superciliar.
Huecas hojas secas
diluidas en el armiño de unas manos.
Hasta el infinito navegando
por el ancho pecho del mar azul.
Y de ti,
de la salinidad en el aroma dúctil
de tu figura imperceptible,
ángulo de tu espalda virgen,
alejándose,
diluyéndose en el soleado rumor del mediodía.
Tal vez,
sólo por esta vez,
se lleva esta parca tristeza de la calma,
y desahogue lentamente al atardecer,
en grises olas ultramarinas.
el aliento ríspido de la mañana.
El aire,
el viento remolón
de cuanto trino despojado
hay en la bóveda superciliar.
Huecas hojas secas
diluidas en el armiño de unas manos.
Hasta el infinito navegando
por el ancho pecho del mar azul.
Y de ti,
de la salinidad en el aroma dúctil
de tu figura imperceptible,
ángulo de tu espalda virgen,
alejándose,
diluyéndose en el soleado rumor del mediodía.
Tal vez,
sólo por esta vez,
se lleva esta parca tristeza de la calma,
y desahogue lentamente al atardecer,
en grises olas ultramarinas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario