El eclipse anular,
ese paréntesis de luz
adentrándose en la noche metálica.
Lastima la noche ,
densa de larga insomnia,
el reposo de angustiadas almas.
Noche serena que te quedas por momentos exhausta,
mientras acompañas el riguroso trajín
de la etiqueta trashumante,
bajo la descendente medianoche pluvial de los adoquines.
Y con la bastedad de su convergencia,
la noche arrima la tenebrosidad de misteriosos misterios.
La osadía clandestina de la noche conserva una perspicaz picardía,
y te hurta la magnolia de su vientre,
a la espergesia núbil del mediodía.
Esta inquina de la noche clamorosa arguye el abandono en cualquier esquina.
Como las estrellas esa abstracción intermitente y centenaria de la noche,
es prestada,
tal vez rentada con el contubernio de la usura.
Ácidamente bella y desbordante por el itinerario de pálidas cegueras,
eres noche reina soberana,
mas te desmoronas en mil y una penumbras,
ante la heroica cintura plebeya del sol.
Calaveras y diablitos en lo profundo de la noche cautiva de la historia,
es que tu carne desnuda semeja al segador de los asuntos celestiales,
lunares y solares,
luces y tinieblas en el incidental behaviorismo de la espumosa marea.
Inocua noche de fertilidad asistida,
contraluz de cópula menesterosa y selectiva.
Quién le ha signado a la noche menester reproductiva.
Acaso es noche la bilis de tu vesícula,
una lengua onírica de filosa filosofía.
Tú eres cieno en el muladar de la gloria,
cuando la noche oxigena los alvéolos termonucleares.
Noche, herencia antigua de juglares quienes han exprimido de ti,
hasta la penúltima gota de tu plasma.
Sin embargo la conciencia colectiva de la noche cósmica,
interpela fervorosa la codiciosa galaxia.
ese paréntesis de luz
adentrándose en la noche metálica.
Lastima la noche ,
densa de larga insomnia,
el reposo de angustiadas almas.
Noche serena que te quedas por momentos exhausta,
mientras acompañas el riguroso trajín
de la etiqueta trashumante,
bajo la descendente medianoche pluvial de los adoquines.
Y con la bastedad de su convergencia,
la noche arrima la tenebrosidad de misteriosos misterios.
La osadía clandestina de la noche conserva una perspicaz picardía,
y te hurta la magnolia de su vientre,
a la espergesia núbil del mediodía.
Esta inquina de la noche clamorosa arguye el abandono en cualquier esquina.
Como las estrellas esa abstracción intermitente y centenaria de la noche,
es prestada,
tal vez rentada con el contubernio de la usura.
Ácidamente bella y desbordante por el itinerario de pálidas cegueras,
eres noche reina soberana,
mas te desmoronas en mil y una penumbras,
ante la heroica cintura plebeya del sol.
Calaveras y diablitos en lo profundo de la noche cautiva de la historia,
es que tu carne desnuda semeja al segador de los asuntos celestiales,
lunares y solares,
luces y tinieblas en el incidental behaviorismo de la espumosa marea.
Inocua noche de fertilidad asistida,
contraluz de cópula menesterosa y selectiva.
Quién le ha signado a la noche menester reproductiva.
Acaso es noche la bilis de tu vesícula,
una lengua onírica de filosa filosofía.
Tú eres cieno en el muladar de la gloria,
cuando la noche oxigena los alvéolos termonucleares.
Noche, herencia antigua de juglares quienes han exprimido de ti,
hasta la penúltima gota de tu plasma.
Sin embargo la conciencia colectiva de la noche cósmica,
interpela fervorosa la codiciosa galaxia.
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