En el día que me pienso menos voy a encontrarme de nuevo en mi país,mi paisito que hoy tiene las manos agujereadas por cargar el peso muerto de una cruz sobre sus hombros. Él que siempre fue refugio de
noctámbulos y soñadores que con un papel y un lápiz disruptivo en cada cincelada recreaban la caligrafía de Dios.
Y de Aquellos bohemios que hacían alardear de sus vicios aun a las estrellas.
Y de antiguos poetas acostumbrados a quebrar con sus incongruencias el tímpano macizo y solemne de las convenciones regias.Donde las muchedumbres de desvalidos rasguñan la pitanza en las duras entrañas de la indiferencia,en mi país el hambre no es una metáfora abierta que mira cabalgar a los peces y en la tiniebla densa oye ladrar a las huestes de perros salvajes mientras huelen la cara oculta de la luna.
El pan duro de la violencia también es un fruto amargo que se cuece con leña seca en la levadura fermentada por la diáspora de la tierra prometida.Ustedes sepan disculpar, pero es que no encuentro palabras vulgares, obscenas que narren crímenes de niños en algún lugar del planeta.
Allí donde antes la memoria era nuestra y todas las veredas de mi vida me conducían a la vereda gris de tu puerta,a ese umbral desconocido del porvenir,recuerdo
Cuando me dijiste,con sutil vehemencia,que venías del lejano este cardinal,te repetí sin remordimiento,que eras acaso una sobreviviente.
Quizás como yo también lo era de horas de tristezas.
Y en un descuido creí oír el Grito gutural de la lengua materna
Y la anhelada y angelada muchacha discurria sin prisa por el horizonte de mis pupilas casi como el tiempo de papel que surce prodigios en el mandil inmaculado y lívido de la historia.Hoy en mi país proliferan hasta el hartazgo siniestros personajes que en anónimas peatonales recitan el credo de la violencia,apóstoles de la destrucción,bestias.
Hoy mi país además es una caverna donde el odio es más que una mueca que te parte la quijada y te destroza la conciencia .

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