Quédense tranquilos que no se me ocurre en este momento en particular hacer añicos el paradigma jurídico de dar a cada quien lo suyo,lo que le corresponde por regla de justicia distributiva a cada uno de ustedes. Resultará evidente aquí, que no trataré de azuzar viejas rencillas domésticas,tampoco iré en procura de reivindicar explícitamente una indiscernibilidad absoluta entre el hombre y la bestia,asimismo,me niego a entablar un dialogo de rigor con el teórico de la política ,un contrapunto.Sin embargo,es inevitable que me interrogue a mí mismo, y con preocupación, acerca del hombre moderno,es decir, inquerir si es el hombre tal cual como lo conocemos en la actualidad, radicalmente diferente del resto de los animales.Ahora bien,el pensamiento sistemático,la ciencia,en un desliz de voluptuosa luminosidad,afirma con vehemencia que,desde luego,el hombre tiene pensamiento y lenguaje,posee la palabra,y por ende ,puede discernir entre el bien y el mal,es ahí cuando habla la voz de la conciencia (Ética de la virtud),y ésta ambivalencia moral del homo sapiens es naturalmente suya y propia,responden,con la consabida elocuencia, desde la tribuna dogmática,ergo,añaden,también habita en sociedades políticamente organizadas.El estagirita más famoso,le encontró la vuelta a la soledad de Adán, cuando con la precisión quirúrgica del escalpelo clásico, calificó a aquél hombre,maltratado,mutilado en su costilla, como un animal político. Invariablemente después vendrían otros animales, que con mayor y\o menor capacidad de razocinio alterarían con entresijos individuales el sesgo distintivo del hombre o el fatal designio del demiurgo griego.No obstante,con la seriedad que corresponde,cabe aclarar que la apodíptica afirmación filosófica está ligada a una serie de presupuestos ontológicos y antropológicos.
En efecto ,para el conocimiento aristotélico el hombre,es un animal político,un zôion politikón,un sujeto inequívoco en la construcción política del estado,y la criatura aristotélica no puede ser concebida fuera de su relación con el estado,y en su condición de ciudadano(Deontología),misma criatura que la postmodernidad minuciosamente deconstruirá, precisamente a través del lenguaje(Jacques Derrida)y que al racionalismo cartesiano le llevo tantos siglos construir. Esta definición del ser humano como zôion politikón,nació malparida,es decir,limitada en su sustrato material por el mismísimo aristóteles,el animal político es un animal castrado en un triple sentido.En primer lugar,tal afirmación fue restringida a los helenos varones,cabezas de familia (páter familias )ciudadanos libres,y por lo tanto propietarios.

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