jueves, 30 de mayo de 2019

Hojarasca

Se balbucea, casi sin hablar de más,
se balbucea
entre lineas imprescindibles,
se dice nada.
Sin embargo,
se sigue por el umbral oscuro de la naturaleza,
la rutinaria sintaxis de la gramática absurda,
y nada.
Se sale de las convenciones,
se sabe que sólo las letras tienen un abc
que va hasta la z ,
semianalfabeta y basta,
y en un punto intermedio la h es muda,
casi tibia e idiota.
Dícese erróneamente 
que la palabra empeñada con denuedo y sin pudor
nunca pasa indiferente.
Se dicen ,
tantos como sea posible ,
argumentos contrafácticos
a favor o en contra 
de tal o de cuál
o de quién sea
qué importa?.
El lenguaje se degrada con el uso,
se desgreña como las viejas hojas secas de los árboles
que ahora son cuadernos ,
y mucho antes  fueron ocultas reminiscencias.
Se dice,
se balbucea casi sin hablar,
se calla.
Hilando fino
se silabean los endecasílabos ,
tal vez porque en esta contemporaneidad
amarga e intolerante
a la tartamudez
se le llame dislexia
qué importa?
es ciencia.
Y si no se sabe se deletrea,
se habla, sí,
se ajustan las cuentas
con la cuerda que mejor le sirve de columpio a la lengua,
con astucia,
aun con vehemencia.
Se dice,
y uno se da cuenta
del ceremonial de la pedantería,
que fue bautizado en una época remota 
como el arte de la concupiscencia .
Es decir ,
se balbucea
muy sutilmente,
casi sin hablar
se abrevia,
y nada.

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