lunes, 29 de octubre de 2018

Afuera es noche y llueve tanto

Durante las prolongadas horas de la madrugada, salías a caminar por la ciudad y desafiabas la impetuosidad del viento, sólo para comprobar cómo la magnitud del planeta permanecía con su elocuente circunferencia intacta.
Las indolentes veredas de baldosas brillantes, a las que les asignabas números,con el firme propósito de hacerlas más amenas y cordiales.
Los balcones, el verdor de los parques y jardines flotantes adyacentes a las librerías del centro, y la prisa de las personas que iban y venían dando tumbos por la calle.
En ocasiones el paseo se extendería sosegadamente por los cenagosos andurriales del lupanar periférico.
Desde luego, si pasabas por la puerta de algún bodegón de mala muerte, eventualmente encontrabas una atractiva y sonriente señorita, dispuesta a beber una cerveza contigo.
Una vez adentro las cosas solían ser distintas,lo intuías y , encendías un cigarrillo,luego otro, y pensabas en tus hijos,en la cuota mensual,en el rol de fugitivo y deudor impenitente,entonces le dedicabas a la arpía de tu ex mujer algunas santas y reverendas puteadas, en su honor claro está.
Tal era el orden de la situación, del caos de la situación,pero de pronto una voz proverbialmente enérgica disipaba la monotonía del ambiente enmohecido del tugurio,mientras tú procurabas desenmarañar el intrigante antagonismo fraseológico de lo conciliable con lo irreconciliable y posible.
Hasta ese umbral desconocido  donde conviven el bien con el mal ,  hendija imprecisa por donde comenzaba a colarse la luz diurna, podían oírse las bravuconadas de un sujeto ruin con el odio metido entre las uñas, en contubernio con los mismos adulones y obsecuentes de siempre.
Enhorabuena amanecía , había que volver al punto de partida.

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