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Sistema‑mundo, fascismo y la dimensión psico‑social: de Spitz a Reich
El análisis de la crisis del sistema‑mundo moderno, tal como lo describe Immanuel Wallerstein, puede enriquecerse si se lo vincula con las aportaciones de la psicología y el psicoanálisis social. En este sentido, las investigaciones de René Spitz sobre la privación afectiva y el desarrollo infantil ofrecen un marco para comprender cómo la alienación se inscribe en la subjetividad desde las primeras etapas de la vida. Spitz demostró que la ausencia de vínculos afectivos adecuados desde la primera infancia genera patologías profundas, lo que permite pensar que la institucionalización del “troglodismo” contemporáneo (como posición ortodoxa, prehistórica) no es solo un fenómeno político, sino también una carencia estructural en la constitución de lazos afectivos y sociales.
Por su parte, Wilhelm Reich, en su crítica a la represión sexual y a las estructuras autoritarias, señaló que el fascismo no surge de manera espontánea, sino que se alimenta de una cultura que normaliza la represión y la sumisión. Reich entendía el fascismo como una expresión de masas cuya raíz se encuentra en la internalización de la autoridad y en la inhibición de la energía vital (Orgón)
La convergencia entre Spitz y Reich permite afirmar que el fascismo, lejos de ser un accidente histórico, es el resultado de un proceso cultural que combina la crisis estructural del sistema‑mundo con la producción de subjetividades alienadas. La privación afectiva, o marasmo (Spitz) y la represión libidinal (Reich) constituyen dos dimensiones complementarias que explican cómo las tensiones irresolubles del sistema se traducen en fenómenos políticos autoritarios.
En consecuencia, el fascismo contemporáneo puede ser interpretado como síntesis de una doble carencia: la falta de vínculos afectivos que sostengan la vida comunitaria(empatía) y la represión de la energía vital que impide la emancipación. Ambas dimensiones revelan que la crisis actual no es únicamente económica o política, sino también psico‑social, y que su superación exige repensar las formas de subjetividades que el sistema‑mundo ha producido y reproducido hasta el hartazgo...(Y de manera mecanicista)
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