martes, 11 de abril de 2017

Así como a sócrates le impusieron la cicuta, a miles de jóvenes tucumanos hoy, se les impone la cultura alucinógena, en la cual no caben las apologías.
Enervada neocultura que envenena y mata.Remata cuerpos, mentes, sueños y utopías.

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