Tu piel de madrugada
tu piel doraba el aire
cómo la cara del sol
derritiéndose de candor.
En mi cabeza
habita un perro gris
él se come la viva entraña del cerebro...
Tu imagen
tu imagen espejada
ajada por la semejanza de la especie
trastocaba el magnetismo
laberíntico y procaz de la estrella plutónica.
¡ Tu cuello!
tu cuello crucial en el abismo.
Sobre tu pecho...
Yacente en tu seno pleno
de madre treintañera
un ramillete de cala negra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario