viernes, 30 de diciembre de 2016

Idilio muerto.

Te malfuiste
quizás hasta escarbar en algún acontecimiento insepulto.
Dónde van a cernirse los odios purulentos ?
a pergeñar tal vez conjeturas 
no lo sé de una vez y para siempre,
en qué lugar,
por el  metafísico vacío de la despedida.
Allí en esa nada converge el azar de los hijos de la tierra.
Ocurrencia común de sueños pueriles,
que junto a las manecillas oxidadas de aquel viejo reloj,
suspiran perecederas en el argón de las excusas.
           
                     soñolientas    innumerables
                       cuasilentas      inmemoriales
                            siesteras             invertebradas


Te malfuiste un día siguiendo una estrella romera,
después de percibir señales de humo,
según dijiste.
Alarmas de incendios donde nunca las hubo.
Ni las habrá jamás.
La escuadra abstrusa fue útil para malmedir
el rumor del luto enquistado
en el perchero cruel de este mundo.
Desdeñosamente rechazaste el altruismo  fiel y silvestre de las flores,
y persuadiste el aire para que dibuje  con crayolas de mil colores el cielo.
Así jaqueaste el idilio de la naturaleza muerta,
y te alejas, te alejas,
te alejas fulminando de penumbras ,
a este corazón desahuciado roto agónico y enamorado,
que sólo puede quererte con besos y amapolas.
Te malfuiste por doquier,
has dejado cabizbaja la lámpara y el diluvio,
esperaste hasta llegar el escampe,
y que el almanaque
descuelgue unánime el mes de julio,
con frío con sus  jirones de apariencias ocultas.
Te malfuiste ensimismada,
hastiada de incertidumbres,
temiendo presunciones corroídas desde la rudeza del mudo destino,
sola y desafiante huye el rubor de la más impenetrable noche del alma. 
Como un sol incorruptible y errante también te fuiste.
Te malfuiste,
masticando la poca rabia que quedaba,
vestigio herido de alguna plegaria gastada.
Soportando sobre tu espalda un babel de rencores inconfesables.
Interminable y sedienta
te malfuiste
equis , disertada.















No hay comentarios:

Publicar un comentario