El sol asomó con displicencia y elegancia, sus finos hilos de oro penetraron por la ventana de la habitación. Traspasaron los umbrales catastrales de la propiedad , y su luz brillante iluminó el interior de la casa.
La enjundia de la estrella es excepcional , va más allá de la pura razón, y en la ictericia espectral de su aspecto condensa el átomo, la fuerza destructiva del cosmos.
Pilar divino,quizás, el objeto prehistórico, es el basamento estructural del orden universal, el status quo establecido firmemente por el altísimo.
El buen señor jugó con él en el lavatorio de la creación.
Sólo entre nosotros tiene asidero esa historia de la estirpe nobiliaria del sol, patrimonio romántico o de algún cuento de hadas.
De diseño ergonómico y perfecto el pulgar genético de ese big bang original se reproduce, continua y sucesivamente, en cada explosión que acontece en la esfera estelar, centro de la galaxia.
El sol estimula la esperanza, la descendencia, la procreación, la fertilidad, la belleza, la naturaleza en todo el esplendor de su voluptuosidad y laxitud, y la civilización por añadidura.
Verdadera construcción molecular y espiritual, radiante de generosidad, y alimento como el pan, nuestro sol objetiviza y materializa una idea en su forma y sustancia, la de la vida y el amor...Algunas verdades son evidentes e insustituibles ,que el sol salga diariamente para todos y todas es una de ellas.
En el día de hoy es muy posible llevar una existencia propia de un bulto,es decir hay personas olvidadas, parias que sucumben por la falta de amor.Están allí invisibles a la percepción de los sentidos, ajenos al vértigo de la sociedad contemporánea , invisibles a los ojos pero no al dolor de la especie.
Estas personas están alejadas del paradigma humanístico que a diario ensayan los medios de comunicación.
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